Los niños más aterradores del cine

Los niños no siempre son bellos, amorosos, curiosos, pequeños e inocentes. No en la vida real y mucho menos en el cine, que aprovecha de la inocencia como los concebimos para darle la vuelta a la tortilla y convertirlos en algo aterrador, algo que en las películas de suspenso y horror funciona perfecto para dejarnos helados de miedo.

Estos son algunos de los personajes de cine que son niños muy, muy escalofriantes.

Damien de The Omen





Damien es el hijo del Demonio. ¿Qué peor se puede poner esto? Un pequeño niño siendo la representación de todo lo malo y malévolo que puede llegar a ser la humanidad es suficiente para temblar con sólo imaginarlo. Puntos extras a ambas versiones, la original de 1976 y el remake de 2006 para lograr que el niño no se vea nunca como un verdadero pequeño inocente, sino en serio como un ser extraño a quien, con sólo verlo, sabes que algo anda mal.

Esther de Orphan





Técnicamente Esther ni siquiera es una niña, sino realmente una mujer adulta que por una condición genética parece físicamente una niña. Eso sólo lo hace todo más aterrador y es que uno se la pasa creyendo que la mente de esta pequeña está retorcida, pero no, es la mente de un adulto perturbado que al hacerse pasar por una niña dulce lo hace todo más caótico. La situación se pone más intensa al saberse que lo único que Esther quiere es quedarse a solas con su padre adoptivo, con quien está obsesionada.

Cole de The Sixth Sense





Si hay algo más aterrador en esta cinta que los muertos y los fantasmas, es Cole, el niño que puede verlos cuando nadie más es capaz. Son sus palabras, su cara de susto cuando los muertos se le presentan y su habilidad para crear un halo de suspenso cada que aparece en pantalla lo verdaderamente desequilibrante. El Sexto Sentido funciona precisamente porque Cole tiene una habilidad que nadie querría tener, ver gente muerta. Que esa responsabilidad recaiga sobre sus hombros, siendo sólo un niño, es de miedo.

Samara de The Ring





Su piel pálida y su cabello negro como el carbón es la combinación que le ayuda a acrecentar ese halo fantasmal que la vuelve terrorífica. Su historia es trágica y triste, pero no por eso su presencia es menos espeluznante, al contrario, alimenta ese miedo que nos llega con sólo verla y saber que cosas malas pasarán. Que alguien como niña quien en un mundo ideal debería tener una vida alegre, cargue por el contrario con tantas cosas malas arrastrando, nunca es buena noticia, y esta no es la excepción.

Charlie de Hereditary





Hay algo en la mirada de esta pequeña niña que hace que se nos ponga la piel de gallina. Son sus ojos que denotan estar perdidos en el espacio, sus extrañas obsesiones y la historia de su familia lo que la hace perfecta presencia para una película de terror. Su vida choca con la tragedia y es arrastrada al drama combinado con el sufrimiento, un tipo de pesar que no se le desea a nadie; un tipo de pesar que al mismo tiempo resulta la peor de las dolencias, es decir, su vida es tan triste que duele.

Regan de The Exorcist





El Exorcista funciona porque Regan es de verdad temible. ¿Cómo es que una niña de 12 años, todavía hoy, 45 años después del lanzamiento de la película original, puede provocarnos pesadillas? No es difícil y esa escena del vómito o de la cabeza que gira 360 grados ayuda mucho; es también esa cantidad de maldad y el poder malévolo que implica depositado en el cuerpo de una niña que apenas y ha vivido un poco la vida lo que remata el asunto. Si el demonio hubiera poseído a un adulto sería de miedo, pero el hecho de que Regan es apenas una niña lo hace aún más cruel.

Danny Torrance de The Shinning





¿Hay alguien en esta cinta que no sea escalofriante? Llevan las de ganar tanto Danny como las gemelas Grady y es que estos tres niños son la personificación del terror. El hijo del matrimonio Torrance porque hay algo en su mirada que implica más que miedo, es como si sus ojos se perdieran en otra dimensión. Las gemelas Grady por razones obvias, es decir, esa imagen en la que están paradas al fondo de un pasillo es icónica porque la simetría del plano es ideal para dar a entender que no se trata de perfección, sino de un mal a la doble potencia.

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