Candy Man: La verdadera masacre de Texas

Asesino, violador y pedófilo
El villano y asesino ficticio conocido como Leatherface atemorizó a las audiencias estadounidenses cuando La Masacre de Texas estrenó en 1974; pero el personaje que portaba una máscara hecha con las pieles de sus víctimas no se compara con las atrocidades que realizó un individuo que radicó en Houston y fue responsable de secuestrar, torturar, violar y asesinar a más de 20 adolescentes varones. Estoy Hablando de Dean Corll, también conocido como Candy Man.



Su peculiar apodo no se debe a su dulce personalidad, sino porque durante un tiempo su familia operó una fábrica de dulces y él era conocido por regalar dulces a los niños que se juntaban cerca del negocio.

Corll nació en 1939 en Fort Wayne Indiana y para 1958 su familia se mudó a Houston, Texas para estar más cerca del lugar en donde vendían más su producto. En 1964 fue convocado por el ejército de su país y se podría que su servicio fue como el todos los demás: odio estar ahí y tuvo encuentros homosexuales, y para 1965 regresó a su ciudad.



Entre 1965 y 1970 fue cuando Corll comenzó a desarrollar un comportamiento extraño y sus conocidos notaron como empezaba a pasar más tiempo con hombres adolescentes, incluyendo a David Owen Brooks un joven de 12 años que se convirtió en su protegido, quien le pagaba para que se dejara recibir sexo oral, y en unos años después se convertiría en su cómplice.



Para 1970 la fábrica de dulces había cerrado y Corll comenzó a trabajar como electricista en una compañía y asesinó a su primera víctima, un estudiante de 18 años al que, según la evidencia forense, fue asfixiado y abusado sexualmente. Según el joven Brooks, una vez que llegó a casa de su amigo, lo encontró abusando sexualmente de dos adolescentes atados a una cama y el depravado le ofreció comprarle un carro a cambio de su silencio y aceptó el trato. Tras conseguirle un auto, Corll también le propuso pagarle 200 dólares por cada menor de edad que le llevará con fines de abusarlos y matarlos, y Brooks también aceptó.



Una vez formada la alianza perversa, ambos fueron responsables de la muerte de unos cuantos hombres y tiempo después el muchacho Elmer Wayne Henley fue llevado a la casa de Corll con la intención de ser asesinado pero el asesino consideró que sería buen cómplice y también le ofreció 200 dólares por cada persona que lleve a su casa, diciéndole que era parte de una red de esclavos sexuales. Henley, quién había ayudado a buscar a las víctimas anteriores de Corll, rechazó su oferta, pero tras unos meses decidió aceptar.



Con los 3 hombres en busca de víctimas, sembraron el terror en Hpuston Texas y Henley no tardó en descubrir que en realidad Corll era un maniaco sexual y homicida, sin embargo, siguió ayudándole a conseguir víctimas, las cuales enterraron a la mayoría en un cobertizo para botes que rentaron y a unas seis en una playa. El ahora asesino serial evitó ser capturado por las autoridades al mudarse repetidas veces de colonia, así la gente no sospecharía de él.



Conforme fueron matando más adolescentes, más sádico y cruel se volvía Dean; pasaba horas torturando y violando a sus víctimas y terminaba asfixiándolas o disparándoles en la cabeza, pero afortunadamente su temporada de asesino duró muy poco.



El 8 de agosto de 1973, Corll se enojó con Henley porque llevó a dos amigos suyos (incluyendo a una mujer) a su casa y los drogó con la intención de matarlos a todos. Cuando Henley despertó, su cómplice estaba preparando la mesa para torturarlos, pero logró confrontarlo y tras una pelea, el adolescente les disparó a Dean, matándolo al instante.



Una vez que la policía llegó al lugar, descubrieron los materiales de tortura y hasta fotos de las víctimas y arrestaron a ambos complices. Henley ayudó a las autoridades a desenterrar los cuerpos y contar detalles sobre su modus operandi . En total, sólo se pudieron confirmar 28 víctimas, pero se cree que hubo más, por ejemplo, la tétrica foto que se usó para la portada de éste artículo es de una víctima que no ha sido identificada.



Los hallazgos conmocionaron a todo el país, ya que nunca se había visto algo así. Para 1975 los dos fueron encarcelados; Brooks fue condenado a cadena perpetua por sus crímenes y Henley 6 sentencias de 99 años cada una, es decir 594 años.
Hasta la fecha, ningún asesino ha cobrado más víctimas en el estado de Texas que el Candy Man y su caso sigue resonando entre los que encuentran una fascinación macabra con los asesinos seriales.



Lo que hace más perverso este caso que otros, es que sus víctimas fueron jóvenes inocentes y las señas de tortura que sus cadáveres presentaron. Sin duda Dean Corll será recordado como un monstruo y sus cómplices no merecen compasión, sin embargo, tienen un legado, uno construido a base de por lo menos 28 vidas robadas.

Tags: AYNANITA crimen asesinos seriales

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