La historia de Eco y Narciso

Nadie sufrió más por un amor no correspondido que Eco
La mitología griega ha influenciado a infinidad de obras de arte, desde el renacimiento hasta el día de hoy, por lo que es fácil comprender por qué hemos escuchado el nombre de algunos de sus dioses hasta en las caricaturas, pero su legado también también abarca fenómenos científicos y acústicos, como es el caso de la desdichada ninfa Eco.



Los griegos recurrieron a la mitología para explicar los fenómenos naturales que no comprendían, ahorrándose el trabajo de investigar y corroborar; basta con saber el origen de la Vía Láctea según sus cuentos para inferir que ellos tenían una explicación descabellada para casi todo, incluyendo el fenómeno acústico del rebote de la onda de sonido se releja y regresa al emisor, es decir, el eco.



La historia de Eco comenzó cuando Zeus, el dios del trueno y El padre de los dioses y de los hombres, decidió pasar tiempo con las ninfas del bosque hasta que Hera, su hermana y esposa, sospechó de infidelidad y decidió seguirlo para comprobar sus sospechas.



Zeus (como todo hombre) no quiso enfrentar a su esposa, por lo que le pidió de favor a Eco, una de las ninfas del bosque, que distrajera a su esposa y ella accedió. Para su desgracia, Hera se dio cuenta de lo que Eco trató de hacer, por lo que en un ataque de ira, la Reina de los dioses castigo a la ninfa al quitarle la facultad de hablar, dejándola sólo con la habilidad de repetir las últimas silabas que le dijera la persona con la que hablara.

Tras el castigo de Hera, Eco se dedicó a deambular por el bosque por si sola, al ser incapaz de comunicarse con alguien, pero cayó profundamente enamorada cuando un hermoso hombre joven llamado Narciso caminó por el bosque. Cautivada por su belleza sublime, ella se dedicó a seguirlo, y en una ocasión que ella pisó accidentalmente una rama, el joven cazador preguntó '¿Quién está ahí?' a lo que ella respondió 'Ahí'. Después de otras preguntas, Eco decidió mostrarse ante el apuesto muchacho y corrió hacia él con los brazos abiertos, pero Narciso la rechazó diciendo 'Antes muerto que a pertenecerte', devastando a la ninfa condenada.



El rechazo de Narciso provocó que Eco se aislara y con el tiempo su cuerpo se desvaneció y sus huesos se convirtieron en piedra, dejando su voz como el único vestigio de su existencia, pero su maldición, la de repetir la ultima palabra que le dirigieran, permaneció.



Según las mitologías griegas y romanas, Narciso rechazó a infinidad de otras ninfas de la misma forma como le había hecho a Eco, por lo que una de ellas, despechada y enojada, recurrió a una diosa (las historias varían, algunos dicen que acudió a Hera, mientras otras versiones aseguran que fue a Némesis, la diosa de la venganza) y le suplicó un castigo para la indolencia del hombre y la deidad accedió y condenó al joven enamorarse de su propio reflejo cuando lo vio en el agua.



Narciso quedó cautivado ante su reflejo y su obsesión fue tanta, que terminó muriendo gracias a la obsesión que le produjo su propia belleza. Según algunas visiones, él se ahogó al caer al agua luego de tratar de besarse a sí mismo, mientras que otras versiones claman que simplemente murió y su cuerpo se desvaneció, pero todas las versiones concuerdan que las ninfas encontraron una flor en el lugar donde había estado, por lo que esas especie fue bautizada como narcisos.



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